La prevención y la planificación, la mejor receta para reducir el impacto de los desastres naturales

Versión para impresiónEnviar a un amigoVersión PDF
14.10.2009

Desde 1990, el segundo miércoles de cada mes de octubre se viene celebrando el "Día Internacional para la Reducción de los Desastres Naturales", una invitación a la reflexión sobre la necesidad de integrar los riesgos que trae consigo la naturaleza en los planes de desarrollo de la población.

En no pocas ocasiones las actividades humanas constituyen los verdaderos desencadenantes de las catástrofes, que llegan a amplificarse por falta de medios, ocasionando cuantiosas pérdidas humanas y económicas.

Medidas de seguridad, servicios de emergencia y sistemas de alerta representan, junto a la educación y formación de la ciudadanía, la mejor forma de hacer frente a fenómenos de esta magnitud.

Cerceda, a 14 de octubre de 2009.- Hoy, segundo miércoles de octubre, se celebra el "Día Internacional para la Reducción de los Desastres Naturales", una fecha instituida en 1990 por la Asamblea General de las Naciones Unidas con el objetivo de promover una cultura mundial que apueste por la prevención y la mitigación de estos fenómenos, preparando a la población para hacer frente a sus consecuencias.

La campaña desplegada para los años 2008 y 2009 gira en torno a una temática común en todos los países, esto es, "Hospitales seguros frente a los desastres: reducir el riesgo, proteger las instalaciones de salud, salvar vidas", y es que ningún Estado queda a salvo de convertirse en víctima, haciéndose necesario desplegar un plan de acción cuyos soportes deben ser la toma de conciencia de la ciudadanía sobre los peligros que trae consigo la naturaleza; el compromiso gubernamental, velando por la educación y la solidaridad; el estímulo de alianzas interdisciplinarias; y la mayor inversión en el conocimiento científico. La pretensión no es otra que la de disminuir la pérdida de vidas, así como las consecuencias económicas, sociales y ambientales para las naciones.

En algunos casos nos encontramos con que ciertas manifestaciones naturales (temblores de tierra, erupciones volcánicas, erosión del suelo, etc) pueden llegar a convertirse en desastres cuando superan el límite de la normalidad, medido a través de distintos parámetros. No obstante, en no pocas ocasiones ciertas actividades vinculadas al desarrollo humano constituyen el principal desencadenante de la alteración del medio (tal es el caso de la explotación irracional de los recursos, la agricultura intensiva, la construcción de viviendas y edificaciones en zonas de alto riesgo, etc), derivando en catástrofes naturales cuyos efectos se ven multiplicados por una inadecuada planificación de los asentamientos poblacionales, así como por la falta de medidas de seguridad, planes de emergencia y sistemas de alerta.

LA VULNERABILIDAD DE LA POBLACIÓN

A nivel mundial, el 75 por ciento de la población habita en zonas que, entre los años 1980 y 2000, han sufrido, al menos una vez, un terremoto, un ciclón tropical, una inundación o una sequía. El resultado es de casi dos centenares de personas muertas al día, a lo que habría que añadir el considerable impacto para los países.

Saludos, Departamento de Comunicación